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¿Cuál es la idea?

Uno de los mejores consejos que me han dado desde que empecé en esto del copywriting es que lo primero que tienes que hacer cuando te enfrentas a un nuevo proyecto nunca es escribir.

Nunca.

Escribir es uno de los pasos finales.

¿Por qué no podemos tirarnos de cabeza a redactar nuestros textos? ¿Qué ocurre si nos ponemos a aporrear las teclas en cuanto tengamos la información básica para darle forma a ese mensaje?

Puede que te hayas metido en una investigación al nivel del CSI. Puede que tus textos tengan todo lo que debe tener un buen copy.

Pero, probablemente, si hemos empezado a escribir tan pronto como hemos podido, seguramente le falte algo muy importante.

Un hilo conductor. O lo que es lo mismo…

 

Una idea.

¿Recuerdas lo que te contaba hace poco sobre creatividad en marketing directo? Pues por ahí van los tiros.

Cuando hablo de ideas en copywriting, me refiero a una forma creativa y un tanto sorprendente de expresar un mensaje evidente o demasiado saturado en ciertos sectores.

Es simple, reconocible y memorable.

No es una canción de pop, aunque lo parezca cuando lo cuentas así. Es un concepto creativo que te ayudará a mejorar tu copywriting de forma radical.

El clásico «Bienvenido a la República Independiente de tu casa» de Ikea es un concepto creativo. Creo que es la mejor manera de condensar su definición. Ese fue el primer ejemplo que me dieron a mí para entender su significado y no lo he olvidado desde entonces.

 

¿Una idea para qué?

Tienes dos razones de peso para basar tu copy en un único concepto creativo.

 

#1. Claridad

Claridad para ti a la hora de escribir y claridad para tu audiencia, ya que cuando piense en tu marca pensará en una idea concreta. La que mejor resume tu propuesta.

Es un punto de partida que te ayudará a mantener la coherencia a lo largo de toda la pieza, aunque esta tenga 2000 palabras o 2 líneas.

Esto es una realidad: es mucho más fácil escribir cuando tienes una idea guiándote hacia buen puerto para que no pierdas de vista tus objetivos entre párrafo y párrafo.

Claro, puede que a ti te resulte igual de cómodo ir un poco a la deriva y escribir sin una idea como eje de tu texto, pero ahí entra en juego la segunda razón.

 

#2. Fuerza.

Dicen que del uso al abuso hay muy poco camino. Por eso hay mensajes que se han utilizado tanto como moneda de cambio en ciertos sectores que ya no surten ningún efecto en su audiencia.

No suponen ningún impacto.

Por ejemplo, mira el texto que utilizo en uno de mis anuncios:

«¿Textos que enamoran? Ya, ¿y si nos ponemos serios?»

Pasando por alto las cuestiones estilísticas y de gustos en lo que a enamorar clientes se refiere, este es un ejemplo de un mensaje saturado que debes evitar si no quieres que tu lector se quede con cara de póquer al encontrarse una y otra vez con las mismas palabras.

Cuando apoyas tu comunicación en un concepto potente, tienes todas las papeletas para convertir ese texto en una imagen nítida (y ya sabes que las imágenes son la herramienta más potente para colarte en la cabeza de tu cliente) de lo que quieres contar, una idea que tu cliente potencial podrá recordar con mucha más facilidad que si usas mensajes repetidos hasta la saciedad.

En pocas palabras, puedes crear textos mucho más potentes y atractivos a los ojos de sus lectores.

 

No todo vale.

No, no todas las ideas valen. Los conceptos creativos deben cumplir una serie de requisitos si queremos que nuestro mensaje cumpla con su función y no sirva como parte de la decoración de un museo de arte moderno.

Para que tu idea funcione dentro de tu estrategia de copywriting debe:

 

#1. Transmitir el mensaje principal deseado.

Vaya, si no cumplen esto, ¿para qué sirven?

Haz tus deberes, encuentra el mensaje principal de tu estrategia de copywriting y dale la vuelta para transformarlo en un concepto creativo.

 

#2. Ir de la mano con tu audiencia.

Es decir, hay que presentar ese mensaje de manera sencilla, comprensible y cercana para tu cliente ideal.

¿El resultado? Una complicidad que puede hacer que salten chispas en el ambiente cuando llegue el momento de la decisión de compra.

Aunque, para eso, primero deberías conocer quién es tu cliente ideal y por qué hace lo que hace en relación a tu marca, ¿no crees?.

 

#3. Encajar con tu marca.

No debería ser un concepto que desentone con tu estrategia de marca ni mucho menos con tu tono de voz, ya que entonces nos cargaríamos los dos puntos anteriores de forma automática.

 

#4. Ser uno.

¿Qué significa esto? Que no puedes basar tu texto en un puñado de conceptos bien variados, por mucho que te encanten todos ellos.

Te arriesgas a perder la coherencia del mensaje, a ponerle piedras en el camino para que no conecte con tu público y a echar por tierra la eficacia de tu idea.

El reto está en dar con la mejor manera de expresar un mensaje eficaz, que conecte con tu audiencia y no suene a eco. Y para eso puedes encontrar muchas alternativas, pero deberás saber elegir la que mejor funcione para ti.

En definitiva, quédate con una idea.

Una y no más.

Elige la tuya.